ANDALUCÍA, CARRETERA Y MANTA (VII) Puerto Banús



Puerto Banús y los invernaderos de Almería, día de contrastes.

La siguiente parada de nuestro road trip por carreteras andaluzas fue Puerto Banús.  Me habían hablado muy buen de este puerto deportivo y me hacía ilusión verlo.

Al llegar allí lo primero que nos chocó fue el lujo que había por todas partes. Cochazos por doquier, gente vestida como maniquíes de tiendas de moda, señoras de edad muuuuy avanzada luciendo bronceado y ropa de diseño, chicas más jóvenes que parecían modelos, etc…digamos que el “pijerío” se palpaba en el ambiente.

Otra cosa que nos llamó la atención es que es un lugar cosmopolita. Se escuchaba hablar inglés bastante a menudo y de vez en cuando también escuchamos hablar en ruso y en francés.

Tras callejear un poco fuimos a la playa y aprovechamos para tomarnos algo en un chiringuito que encontramos.

Había allí dos clientes (los típicos de “barra fija”) que, entre sorbo y sorbo de sus copas, le preguntaron al camarero cuánto ganaba al mes. Cuando les dijo lo que cobraba, soltaron una carcajada y le dijeron que se casara con la Pantoja para que lo sacara de allí de una vez.  Había buen rollo entre los clientes guasones y el camarero, que les siguió la broma y acabaron tronchándose los tres.  Era una risa contagiosa, resultaba imposible permanecer serio.

Después de escuchar atentamente los “sabios consejos” de los clientes del bar, fuimos a la calle de Ribera, famosa por sus exclusivas tiendas de ropa. Pero no sólo eso, si no que esta calle también es un muelle. Así que íbamos paseando por esa calle y a un lado teníamos yates y coches espectaculares y al otro lado las famosas tiendas. Así que tal vez haya quien llegue por mar, amarre el yate, cruce la calle y a comprar se ha dicho.

Seguimos callejeando, observando coches, ojeando algún escaparate más hasta que tuvimos bastante, nos subimos al coche y seguimos rumbo a Aguadulce (Almería).

Puerto Banús me gustó, pero no me quedé tan “flasheado” como cuando fui a Saint Tropez y Mónaco.  Es cierto que no le dediqué mucho tiempo, vi lo principal y me fui.

De camino a Aguadulce pasamos por una zona de invernaderos en la que prácticamente todos los trabajadores eran inmigrantes africanos. Iban a trabajar en biciletas que parecía que hubieran sido rescatadas de la serie Verano Azul o algo por el estilo, estaban hechas polvo. Por supuesto, con un sol de justicia y un calor asfixiante. Mientras nosortos íbamos cómodamente en nuestro coche, con el aire acondiciado puesto, ver a estos trabajadores me hizo recordar que no todo el mundo tiene ferraris ni vive la dolce vita, por si acaso  estando en Puerto Banús se me había olvidado.

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