BRATISLAVA – Primo vente pa´Madrid (II)

Salimos de aquel restaurante comentando entre risas el show que habíamos presenciado. Había sido una cena memorable, con un toque surrealista.

Mientras callejeábamos buscando algún pub, empezamos a escuchar música en español a todo volumen. En aquel momento nos quedamos mirando los unos a los otros un poco extrañados, como diciendo – ¿un pub español? , ¿aquí?

No era español, era La Casa de la Habana, un pub cubano con un ambientazo que no veas. Resultaba imposible pasar por allí  y no entrar a tomarse algo. Tampoco es que nos resistiéramos mucho, las cosas como son.

Así que entramos, pedimos algo, dimos una vuelta para ver el garito, y nos dimos cuenta de que en Bratislava los españoles llamamos mucho la atención.  Hubo varios grupitos que vinieron a hablar con nosotros, a preguntarnos de dónde eramos y qué hacíamos allí. Desde unos rusos que estaban bebiendo en la barra hasta algunas chicas presas de la curiosidad. Por lo visto allí están más habituados a los “Brits” y a sus “stag parties” que a los españoles.

En una de esas, yendo a pedir, conocimos a unos cubanos que supuse que trabajaban en el pub. Nos explicaron que llevaban unos meses allí, trabajando en un restaurante, aunque su idea era quedarse un par de años, si aguantaban.

Nos estuvieron contando que echaban mucho de menos Cuba. Es más, durante la conversación uno de ellos soltó – ¡¡qué placer hablar el español!!– Una frase que, como no podía ser de otra manera, repetimos varias veces a lo largo de la noche entre risas y cervezas.

Les estuve preguntando qué les parecía la vida en Bratislava y nos dijeron que hacía muchísimo frío, y que la gente también era bastante fría, que hasta que no se tomaban un par de copas, por lo general, no se abrían.

Parecía que su receta para combatir la nostalgia consistía en dejarse caer por el pub cubano y evadirse un poco. Supongo que emigrar de Cuba a Eslovaquia no tiene que ser sencillo, y que un trago de ron y algo de música, de vez en cuando, puede venir bien.

En un momento de la conversación uno de ellos nos dijo – como dijo Ketama, Primo vente pa´Madrid– y nos fuimos con ellos a la abarrotadísima pista de baile. Siendo fiel a mis principios de hombre de “barra fija” me quedé en la barra de la pista. Sin embargo, estos tíos parecía que hubieran aprendido a bailar antes que a caminar, para el absoluto deleite de las chicas locales.

La noche fue divertida, hubo risas y buen rollo. Es una de esas noches que recuerdas a lo largo del tiempo y comentas de vez en cuando.

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