Cuando las apariencias engañan

Aquel tío con el que casi choco tenía pinta de guiri. Seguro que había venido a Valencia a ponerse hasta arriba de paella y sol. Tenía toda la pinta de no saber decir ni buenos días  y de que tampoco le importase demasiado, la verdad.

Estábamos en el aeropuerto  y creo recordar que los dos nos dirigíamos a la misma puerta de embarque, aunque no recuerdo a cual.

Con las prisas casi lo arrollé, así que, en su idioma, me disculpé y le pedí amablemente que pasara.

Se me quedó mirando con gesto divertido y  en castellano, con marcado acento inglés, me dió las gracias y me dijo que debía tener mucho mundo.

Al darse cuenta de que no tenía muy claro qué me quería decir me lo explicó. Me dijo que un vistazo me había bastado para saber que era extranjero y dirigirme a él en inglés directamente.

Estuve tentado a decirle que no era muy dificil acertar pero no quise cortarle el rollo. Lo que no esperaba en absoluto era que hablara castellano con fluidez.

Más tarde vi que estaba leyendo “La Familia de Pascual Duarte”. Vaya con el guiri y yo que pensaba que no sabía decir ni buenos días.

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